“Soy feliz porque disfruto de las pequeñas cosas”

César Zúñiga, paciente con parálisis cerebral de Casa Betesda, dando la charla "Surfeando las olas", en abril de 2019

“¿Son felices?”.

Con esa pregunta al público inició César Zúñiga, paciente de nuestro centro de rehabilitación, su charla “Surfeando sobre las olas”, una actividad cuyo propósito es inspirar a otros a seguir adelante, a pesar de las dificultades, como las que él mismo ha enfrentado a lo largo de su vida.

César nació con parálisis cerebral. Sólo estuvo seis meses en el vientre de su madre: “Los médicos le decían a mi mamá que yo no iba a vivir más de un año, pero se equivocaron, porque ya llevo 32 años aquí, luchando”, comentó.

Su infancia fue muy feliz, relató, hasta que se dio cuenta de su discapacidad, de que necesitaba que otras personas lo ayudaran a hacer las cosas. “Darme cuenta de eso me produjo mucha rabia y pena a la vez”.

Llevado por la corriente

Su etapa más difícil fue la adolescencia. “No entendía por qué mi mamá no me había criado. Yo lo único que quería era estar con ella”.

César fue criado por sus abuelos.

Una de las cosas que lo ayudó mucho fue acercarse a la iglesia, porque conoció a jóvenes de su edad. Después de confirmarse, se convirtió en catequista y monitor de niños pequeños. Con la ayuda de sus compañeros, él pudo superar esa etapa, y comenzó a ver las cosas desde otra perspectiva.

Luchando contra la corriente

La etapa del colegio estuvo llena de obstáculos. “En algún momento quise tirar la toalla”, dijo, pero terminar la enseñanza media tenía un propósito.

César tuvo la bendición de encontrarse en su camino personas que continuamente le daban ánimos para seguir adelante, como su tía Nora, quien siempre lo acompaña a sus terapias.

Fue así como llegó a la educación superior y obtuvo el título de técnico en Trabajo Social.

“Casa Betesda la siento como mi familia”

Gracias a los cuidados que recibe en nuestro centro, César, que admitió que al principio no quería asistir, ha logrado progresos para superar su condición especial. “Más que profesionales y pacientes, yo los siento como mi familia”, expresó.

Y es que en Casa Betesda los pacientes (jóvenes y adultos con parálisis cerebral) no solo reciben una atención de kinesiólogos, especialistas en educación diferencial y fonoaudiólogos, entre otros profesionales, sino que también se nutren de la palabra de Dios y Su misericordia.

Además, nuestra institución involucra a los familiares en el proceso, porque son una parte esencial en la recuperación de estas personas.      

El “clic” que necesitamos

Cristian Rautenberg, director ejecutivo de Casa Betesda, presente en esta conferencia que se realizó el viernes 5 de abril en la Iglesia Luterana La Cruz de Cristo, en La Florida, observó que muchas veces “creemos que la felicidad es sólo cumplir metas”, pero la felicidad “es agradecimiento (…) hay que hacer un clic”, pero para hacerlo -precisó- “hay que tener una relación con Dios, y César encontró ese clic en esta comunidad”.

César insistió con su pregunta inicial, pues el público dudó en responder, hasta que los asistentes, casi al unísono, contestaron que “sí”, que eran felices. No obstante, el público le devolvió la misma interrogante, que él contestó firmemente: “Soy feliz, y lo logré porque me di cuenta de que tenía que disfrutar de las pequeñas cosas”.

Si quieres conocer la historia completa de César, así como también la obra de Casa Betesda, te invitamos a una segunda charla, que se realizará en el mismo lugar el viernes 12 de abril de 2019, a las 7:00 p. m.

*Redacción: Moisés G. Hernández G.


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