“Lo más satisfactorio de ser kinesióloga de Casa Betesda es el cariño de los pacientes”

“Lo más satisfactorio de ser kinesióloga de Casa Betesda es el cariño de los pacientes”

Para Betty Carreño, kinesióloga de Casa Betesda, hay dos cosas que la satisfacen mucho como profesional del centro de rehabilitación: el cariño y el agradecimiento de sus pacientes.

“Mi mayor satisfacción son el cariño que te entregan los pacientes y el agradecimiento que te dan, porque muchos de ellos no logran cosas tan grandes como una persona pensaría, pero son logros super importantes para ellos, y que te agradezcan que por el apoyo que uno les pudo dar, que pudieron lograr ese objetivo, es supergratificante”, expresa.

Betty, de 25 años de edad, trabaja con nosotros desde septiembre de 2017, cuando comenzó a funcionar el centro de rehabilitación para pacientes diagnosticados con parálisis cerebral y otras dificultades neuromotoras. Antes trabajó para la fundación Alter Ego.

“En Casa Betesda se me ha dado la posibilidad y la confianza de desarrollarme como profesional en todo ámbito”, resalta.

Pacientes más autónomos

La meta de todo kinesiólogo es que sus pacientes sean cada vez más autónomos, especialmente en el ámbito de Casa Betesda.

Betty puntualiza que lo que se busca en el centro es que cada persona con discapacidad se integre a la sociedad de la mejor forma, dentro de sus posibilidades.

Frustraciones y desafíos como kinesióloga

Su trabajo exige mucha paciencia, pues es muy diferente trabajar con personas adultas, que es el público al que está dirigido nuestro centro de atención.

Cuando llegan a Casa Betesda, los pacientes adultos han pasado largos períodos sin recibir terapias, y su tarea como kinesióloga es acostumbrarlos nuevamente a una rutina de rehabilitación.

“Eso de repente es un poco complicado, porque no se trata solo del paciente, sino que debes incluir a la familia al proceso. Y es a veces frustrante, porque uno tiene objetivos claros y no siempre se pueden cumplir por diversos factores. Pero aun así se logran pequeñas cosas, y la frustración pasa y queda más la gratitud del trabajo”, comenta.

El desafío más inmediato de Betty es seguir perfeccionándose para darles a los pacientes una atención mucho más personalizada, para continuar ampliando el centro, recibir estudiantes en práctica y convertirse en docente clínico.

*Redacción: Moisés Hernández


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